Sin embargo, las ideas freudianas fueron paulatinamente venciendo resistencias y alrededor de su creador se reunió un grupo de discípulos, entre ellos Adler y Jung. Freud se distinguió siempre por una gran sinceridad intelectual y, si bien defendió sus concepciones con vigor, también supo rectificar sus ideas.
Fue un trabajador infatigable y un ameno y prolífico escritor. en 1930 le fue concedido el premio Goethe. En 1938, durante la persecución nazi, consiguió salir de Austria e instalarse en Inglaterra, ciudad en la que falleció el 23 de setiembre de 1939.
LA OBRA DE SIGMUND FREUD.
Algunas elaboraciones clínicas fundamentales
Rosa Aksenchuk (Compiladora) [*]
La primera nosología freudiana
La primera nosología freudiana es la que corresponde al periodo entre 1894 y 1896; desarrollada fundamentalmente en tres textos: "Las neuropsicosis de defensa" (1894), "Sobre la justificación de extraer de la neurastenia un grupo determinado de síntomas con el nombre de neurosis de angustia" (1895) ; y "Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa" (1896). En ella Freud establece dos grupos, el grupo de las Neurosis y el grupo de las Neuropsicosis.
En esta época temprana en la teorización freudiana, las neurosis comprenden a la neurastenia y las neurosis de angustia. Dentro de las neuropsicosis ubica la histeria, las obsesiones y fobias (lo que a partir de 1856 denominará como neurosis obsesiva), la psicosis alucinatoria y la paranoia.
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Neuropsicosis de defensa
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Neurosis de angustia
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Histeria
Representaciones obsesivas y fobias
Psicosis alucinatoria
Paranoia
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Neurosis actuales
Neurastenia
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La neurastenia se debe a una inadecuada satisfacción sexual y produce síntomas tales como agotamiento, inhibición, cansancio, pérdida de peso, constipación, una especie de empobrecimiento libidinal que en algunos casos puede llegar hasta la melancolía. La neurosis de angustia se debe a una satisfacción insuficiente de la energía sexual y se manifiestasintomáticamente con cuadros de excitabilidad general, insomnio, espera angustiosa, hipocondría, perturbación de la función circulatoria, respiratoria y vasomotora, temblores, vértigos y mareos. Esta diferencia etiológica es muy importante entenderla para la clínica y sobre todo para los desarrollos de la teoría de la angustia, ya que la angustia puede provenir de una neurosis actual, y por lo tanto se trata de la no-tramitación psíquica de la energía sexual somática. Hay diversas teorías en Freud acerca del origen de la angustia, esta es una de ellas. Por otro lado nos encontramos con cuadros psiconeuróticos en los que: —Se identifican mecanismos psíquicos de producción y significación psicológica de los síntomas —La defensa es el nódulo del mecanismo psíquico
— Los síntomas se hacen comprensibles cuando se refieren a experiencias traumáticas o traumas psíquicos de carácter sexual. Afirma el parentesco de los síntomas histéricos con las neurosis traumáticas ya que su causa corresponde a "traumas psíquicos", pero diferencia su modo de conceptualizarlo ya que los remite a las vicisitudes del recuerdo.
Defensa
Es el nódulo del mecanismo psíquico. La defensa tiene como premisa producir destinos diferentes de la relación representación/afecto: se trata de debilitar la representación de que se trate despojándola de su afecto, de la magnitud de estímulo que trae, para hacer inofensivo su carácter penoso para el yo.
Los mecanismos que Freud identifica son la conversión para la histeria, el desplazamiento para la neurosis obsesiva y la transposición del afecto para las fobias.
- En la histeria la representación insoportable se torna inofensiva por la transformación del afecto en una inervación somática (conversión) y forma parte de un grupo psíquico separado.
- En las representaciones obsesivas el afecto que deviene libre por ser separado de la representación intolerable se adhiere a otras representaciones no intolerables entre sí, la representación así debilitada queda apartada de toda asociación en la conciencia, pero el afecto libre se adhiere a otras representaciones que a través del "falso enlace" estas se convierten en representaciones obsesivas.
- Para las representaciones fóbicas el afecto de angustia inexplicable para el paciente se enlaza a distintas representaciones comunes a la humanidad que enuncian miedos, se liga la angustia a una fobia, cualquier idea que exprese un temor como puede ser el temor a la muerte, a la locura, a los accidentes, etc.
Neurosis Traumáticas
Son neurosis que aparecen a posteriori de un accidente y que revelan la fijación de la persona al momento del accidente. Desde el punto de vista económico muestra dos características, un exceso de estímulo y un fracaso de tramitación.
Teoría traumática de la neurosis
Freud constata que en la histeria como en las representaciones obsesivas y fóbicas hay una perdurabilidad de impresiones y vivencias, hay acontecimientos conservados -preludio de la noción de inconsciente-. Esta idea está acuñada por la frase: "la histérica sufre de reminiscencias". En los casos analizados por Freud encuentra que los traumas son siempre de carácter sexual y han ocurrido en la primera infancia de los sujetos que luego padecen de histeria. Encuentra siempre cumplida la condición especifica de la histérica: pasividad sexual en tiempos pre-sexuales, es decir anteriores a la pubertad. El trabajo con sus pacientes le revela que en los casos de histeria aparecen experiencias de seducción tempranas ejercida por adultos que estos futuros histéricos vivieron con displacer. En los casos de representaciones obsesivas la experiencia sexual infantil tiene un estatuto distinto a la descubierta en los histéricos dado que no se trata de pasividad sexual sino de agresiones de ese orden vividas con placer o de una gozosa participación en actos sexuales. Se trata de actividad sexual aunque suponga una experiencia pasiva anterior. Freud en esta época le atribuye demasiada importancia al seductor porque no sabía distinguir de los recuerdos reales del sujeto sus fantasías, correspondientes a las manifestaciones de la sexualidad infantil. Se trata de recuerdos relativos a la sexualidad: una experiencia precoz con irritación real de los genitales y su ocurrencia antes de la madurez sexual. Porque se trata de un sujeto infantil la irritación no produce efecto alguno pero la huella psíquica perdura. Lo que ocurre es que a posteriori de la pubertad, o sea cuando estos sujetos cuentan con su maduración sexual y hay ocasión de que el recuerdo de estas escenas se despliegue, el recuerdo introduce, despliega en el psiquismo una potencia que no tenía cuando fue vivencia, se comporta como un cuerpo extraño constituyéndose en una organización patógena. Frente a estas condiciones el aparato psíquico pone en marcha una defensa patológica y de acuerdo al mecanismo en juego es que aparecen distintos tipos de productos neuróticos.
Teoría de la seducción
Escenas reales sexuales de seducción en un tiempo pre-sexual, anterior a la pubertad que no producen ningún efecto, pero si llega la ocasión de ser evocadas a posteriori de la pubertad producen un efecto mayor al momento en que fueron vivencia y entonces la articulación de esta escena en dos tiempos y el efecto que produce su recuerdo a posteriori es lo que se conoce con el nombre de teoría traumática de la neurosis.
Curso típico de una neurosis de defensa
* Primera fase: "Período de inmoralidad infantil": en el cual ocurren acontecimientos que en el futuro pueden ser traumáticos. * Segunda fase: en la cual la condición necesaria es que se alcance la madurez sexual, que sea a posteriori de la pubertad, donde el recuerdo que puede ser suscitado de alguna de estas escenas produce un monto de displacer que no puede elaborarse por vía asociativa, esto hace que se convoque a la defensa y entonces este grupo de representaciones que se torna intolerable para el yo se desalojan de la conciencia formándose un grupo psíquico separado. * Tercera fase: luego sigue un período de salud aparente, donde pude haber ciertos síntomas primarios de defensa sobre todo en el caso de las neurosis obsesivas. * Cuarta fase: y un momento de retorno de lo reprimido, esto es, la defensa fracasa, se reactiva el conflicto y como resultado del conflicto es necesario crear un producto sustituto que es el síntoma. Es importante destacar que no es el acontecimiento el que produce la formación de síntoma sino su recuerdo.
PSICOSIS
En el Manuscrito H, Freud sostiene que la psiquiatría no se ocupa del mecanismo psíquico productor, considera a la idea delirante junto con la idea obsesiva como trastornos "puramente intelectuales" y a la paranoia como una psicosis intelectual. Freud considera a la paranoia crónica como un modo patológico de la defensa. Precisará en que consiste la predisposición. En esta época está estudiando el origen, mecanismo y significación de los síntomas. Diferencia en su nosología neuropsicosis de defensa de neurosis actuales, el énfasis está puesto en la defensa. Profundizando en la teoría de la defensa encuentra que cada uno de los productos que quiere explicar provienen de un modo diferencial de la defensa articulada a una determinada predisposición -un peculiar vivenciar infantil que crea las condiciones clínicas determinantes- y esto constituye las variedades de formas clínicas manifiestas. En la histeria, por ejemplo, la representación desaparece de la conciencia, es reprimida, y el afecto es transformado en una inervación somática, dando por resultado síntomas histéricos de conversión. ¿Cuál es el camino por el cual se produce una idea delirante paranoica? Relata el caso de una joven que vivía con su hermana y habían hospedado a un desconocido que en cierta oportunidad le pone el p entre las manos. Luego de un tiempo refiere lo acontecido a su hermana. Al cabo de unos años desarrolla un delirio de observación y persecución. Su contenido era este: las vecinas la compadecen como una solterona que dejaron plantada. La mayor nota con asombro que desmiente o desconoce la escena de la seducción. La desconoce no cuando la escena ocurre porque la relata a la hermana sino cuando se la intenta recordar. Breuer intenta restituir los derechos del recuerdo pero fracasa. Al querer restituir los derechos del recuerdo de dicha escena no tiene resultados ya que la paciente no quería que se le recordara aquello, de modo que optó por reprimirlo. La defensa era indiscutible pero podría haber hecho un síntoma histérico u obsesivo. ¿En qué radica la defensa paranoica? Es posible que se había conmovido por la escena y por el recuerdo de aquél episodio y por lo tanto se ahorraba el reproche de ser una mala mujer (un autorreproche o reproche interno) transformándolo en una insinuación exterior. El contenido queda inalterado pero cambia la localización: aquello que era reproche interno por haberse prestado a ese juego sexual (con el huésped) puesto afuera se transforma en una insinuación que viene de afuera. Con este mecanismo logra mantener al reproche interno lejos del yo: se lo traslada afuera porque así se lo puede desautorizar. La paranoia tiene como propósito defenderse de una representación insoportable para el yo proyectando ese estado al mundo exterior. Se trata del abuso (mal empleo) del mecanismo de proyección a los fines de la defensa. Freud dice que el mecanismo de proyección es común en la vida psíquica. Así, cuando ocurre una modificación interna podemos atribuirla a una causa externa. "No es que estoy nerviosa, el otro me hizo sentir mal". Es normal mientras permanezcamos conscientes de nuestra alteración interior y esta sensación de ser notado, si la olvidamos queda sólo una de las ramas del silogismo que lleva hacia fuera como en la paranoia, que exagera todo lo que los demás . Da algunos ejemplos.Un funcionario relegado en ascenso imagina un complot de persecución y que es espiado en su oficina, de lo contrario debería confesarse su fracaso. No siempre se genera un delirio de persecución puede ser un delirio de grandeza como la megalomanía que es otro modo eficaz de mantener lo penoso alejado del yo. La idea delirante es sustentada con la misma energía con la que el yo se defiende de la idea delirante, de allí la frase tan conocida de "aman al delirio como a sí mismos". El contenido y el afecto de la representación insoportable se conservan pero son proyectadas al mundo exterior, las alucinaciones que se generan son hostiles al yo pero sostienen a la defensa. Freud reúne en un cuadro y, según el destino del afecto, el contenido ideacional, la presencia o no de alucinaciones y el resultado, a la histeria, las representaciones obsesivas, la confusión alucinatoria, la paranoia y la psicosis histérica. Paranoia: el afecto y el contenido de las ideas se conservan y se proyectan afuera. Las alucinaciones son hostiles al yo y apoyan la defensa. Confusión alucinatoria: contenido y afecto es apartado del yo y en su lugar aparecen alucinaciones que son gratas al yo y apoyan a la defensa pero a costa de un desprendimiento del mundo exterior. Psicosis histérica: las representaciones cobran tanto poder que terminan subyugando al yo, al estilo del sueño (pero ocurre en la vigilia).
Curso clínico de la paranoia
Primer tiempo. Ocurrencia de la experiencia sexual prematura traumática que debe ser reprimida. Para la paranoia es de índole similar al de la neurosis obsesiva: una vivencia activa acompañada de placer. Segundo tiempo. La represión, cuando alguna ocasión ulterior despierta el recuerdo de aquella o aquellas escenas. Las fuerzas represoras son el pudor y la moralidad. Ocurre la rememoración y la formación del síntoma primario. En el caso de la paranoia, la persona se rehúsa a creer en el reproche, en el autorreproche y entonces el displacer se atribuye al prójimo de acuerdo con el mecanismo de proyección, creándose como síntoma primario la desconfianza y susceptibilidad respecto de los otros. Así el autorreproche queda privado de todo crédito. Período de salud aparente. Fase de defensa eficaz que se parece al de salud aparente salvo por la existencia del síntoma primario. Período de la enfermedad propiamente dicha. Retornan las ideas reprimidas formándose síntomas nuevos. Pueden aparecer voces como modo de retorno del autorreproche en forma de un síntoma transaccional. El yo los considera ajenos y es incitado a explicarlos. Aparece el retorno de lo reprimido y los síntomas del retorno. El afecto reprimido suelo retornar como voces. El contenido de la vivencia como ocurrencia o alucinaciones visuales o sensoriales. Lo determinante en la paranoia es la proyección y que no funcione la creencia en el reproche Los síntomas defensivos secundarios residen en que el contenido de las primeras escenas es desfigurado de modo simple por sustitución temporal: imágenes análogas de lo actual y no por formación de sustitutos. Luego vienen los síntomas de avasallamiento del yo, la profunda transformación del yo que aparece en las Psicosis.
Revisión de la teoría del trauma
A partir de Estudios sobre la histeria Freud se ve obligado a revisar la hipótesis de que la seducción real ejercida sobre el niño engendra la neurosis. Así descubre que independientemente de cualquier episodio real existe un fantasma de seducción que lo conduce a las manifestaciones del Complejo de Edipo, tan importante para la vida del niño como para el inconsciente del adulto. Las psiconeurosis son extraordinariamente ricas en contenido y en forma, ya que abarcan todas las relaciones posibles entre el yo y el objeto, nos remiten a las primeras configuraciones de las relaciones libidinosas.
El síntoma, como expresión de un conflicto inconsciente y realización de un fantasma inconsciente que sirve al cumplimiento del deseo, es situado teóricamente en relación a las vicisitudes del narcisismo respecto del complejo de Edipo- complejo de Castración. Al término de la maduración de la pubertad puede coincidir la polaridad sexual con la polaridad masculino-femenino, pero esto viene preparado durante la infancia anterior a la latencia. La primacía genital para Freud se organiza sólidamente a partir de la pubertad y diferencia "organización genital" de la primacía de lo "genital infantil" correspondiente a la fase fálica.
La fase fálica se designa a lo largo de la obra freudiana cada vez más claramente como el fenómeno central del período sexual infantil. La latencia separa el primer empuje de la sexualidad humana del segundo que comienza en la pubertad y que toma su forma definitiva en la vida adulta.
El complejo de Edipo, que es el nódulo de las neurosis, nos muestra las vicisitudes de la libido de objeto, todas las variaciones de las distintas tendencias y relaciones amorosas y hostiles que tiene el niño con cada uno de sus padres. La situación inicial de la neurosis es la defensa frente a las exigencias del complejo de Edipo, punto culminante de la sexualidad infantil desde donde parten todos los desarrollos ulteriores. Para Freud interviene la bisexualidad que multiplica el número de tendencias dadas. Freud se plantea las consecuencias de la normalización edípica y la asimetría entre el complejo de Edipo del varón y de la niña. Este proceso debe conducir a la desaparición de las investiduras primarias y a su reemplazo por identificaciones secundarias que constituirán el núcleo del Superyó.
Se privilegia la fase pre-edípica de vinculación materna mostrando que guarda una estrecha relación con la etiología de la histeria y también de la paranoia. En la fase fálica hay un predominio del falo, de la no-diversidad anatómica y el onanismo es la actividad sexual infantil privilegiada. Junto con las sensaciones de voluptuosidad de su órgano sexual -la actividad masturbatoria- se despliegan las distintas actitudes amorosas y hostiles respecto de cada uno de los padres. El varón ha concentrado todo su interés en los genitales pero no tarda en advertir la disconformidad de los mayores por su actividad masturbatoria, más o menos precisa, más o menos vital, surge la amenaza de privarlo de esa parte tan estimada de su cuerpo que tiene un valor narcisista, esto es la amenaza de castración. La organización genital infantil sucumbe a la amenaza de castración, la actividad masturbatoria, cuya función es la descarga de la excitación sexual correspondiente al complejo de Edipo, comienza a entrar en conflicto. El complejo de Edipo ofrece al varoncito dos posibilidades de satisfacerse: una activa que es situarse en el lugar del padre con respecto a la madre, con lo cual el padre se convierte en un estorbo; y otra pasiva que es querer sustituir a la madre y ser amado por el padre. La vigencia de la amenaza de castración hace que estas posiciones deban ser abandonadas porque ambas implican la pérdida del pene, una como castigo por rivalidad y otra como premisa al identificarse al objeto de amor del padre.
Entonces, el conflicto entre el interés narcisista por el propio genital y las exigencias libidinosas del complejo de Edipo conducen al varón al naufragio del mismo. Las cargas de objeto son abandonadas, se transforman por identificación en la constitución del Superyó.
El Superyó perpetúa la prohibición y va a garantizar que no retornen las cargas libidinosas de los objetos primarios. Parte de esas cargas entonces se abandonan, parte es reprimida y parte es sublimada: distintos destinos de las cargas libidinosas. Este proceso debe desembocar como efecto en la pubertad en el posicionamiento sexual y en una actitud social adulta: rechazar las fantasías incestuosas y emanciparse de la autoridad parental.
Para el varón el primer objeto de amor es la madre, y lo seguirá siendo en las transformaciones que sufre en el Edipo y a la salida del Edipo se supone que lo sustituirá. Para la mujer, la madre es el primer objeto de amor pero al final del desarrollo se necesita que el "hombre-padre" se haya constituido en objeto amoroso, por eso Freud dice que a medida que cambia de sexo la mujer cambia el sexo de su objeto. Sólo en el varón aparece una fatal conjunción entre amor por la madre y odio al padre. Por rivalidad y por miedo a la castración aparece la posibilidad de la transformación del complejo de Edipo y de la constitución del Superyó. Si impera el peligro de perder el pene, el complejo de Edipo es abandonado y reprimido, en el mejor de los casos es destruido. El complejo de Castración posibilita la transformación de las relaciones edípicas en ambos sexos. En el caso del varón la angustia de castración permite la salida del complejo de Edipo. En el caso de la niña la envidia de pene es el elemento constitutivo para la sexualidad femenina. El complejo de Castración crea el complejo de Edipo positivo. Entonces, podemos designar el complejo de castración como el lugar específico, teóricamente hablando, donde las diferencias anatómicas se manifiestan en diferencias psíquicas: cada uno va a tener manifestaciones psíquicas diferenciales de acuerdo con su sexo anatómico.
¿Qué sucede con la niña?
El proceso que lleva al complejo de Edipo es más largo y complicado. Comienza cuando comprueba su inferioridad y se considera "castrada". El complejo de castración despierta el efecto psíquico de la envidia fálica y por ofensa narcisística renuncia a toda comparación con el varón, esto permitiría que el padre se constituyera en objeto amoroso y que aparezca una expresión de celos hacia la madre. En la histeria se subraya la articulación del conflicto situado en la fase fálica, con lo cual el sujeto histérico que tiene dificultades en su sexuación simbólica persiste en la problemática de la etapa fálica, que es la oposición fálico-castrado. La organización genital femenina en la niña se organiza alrededor de la excitación clitoridiana, pero el clítoris debe ceder su sensibilidad y significación a la vagina, siendo éste un efecto del Edipo. La vida sexual de la niña se divide en dos partes: la primera de las cuales es de carácter masculino y solamente si se produce cierta transformación puede incursionar en la fase específicamente femenina. La perdurabilidad en esta problemática muestra la ausencia de un lugar simbólico para la identificación femenina. Freud se pregunta, ¿cómo se desarrolla la mujer?, ¿cómo adviene a la posición femenina a partir de un niño con disposición bisexual? En el caso del varón la prehistoria del complejo incluye una identificación primaria y ambivalente con el padre tomado como ideal y una investidura libidinal primaria de la madre. Estas relaciones en un comienzo son independientes pero confluyen en la configuración del complejo de Edipo y se despliega una doble polaridad que se debe a la bisexualidad. El complejo de castración revela que ninguna de las posiciones edípicas es sostenible contribuyendo en el mejor de los casos al sepultamiento del complejo de Edipo. La constelación de la niña muestra que también la madre es el primer objeto de amor. La zona rectora en la fase fálica es el clítoris equiparable a un pene rudimentario que "debe ceder" su sensibilidad y su significación a la vagina. El padre debe devenir objeto de amor. La fase pre-edípica de ligazón a la madre por un camino más sinuoso desemboca en el complejo de Edipo positivo, pero debe trocar la zona y el objeto. Esto posibilitaría el pasaje de la fase masculina a la fase femenina. Solamente a la salida del Edipo "la mujer" puede constituirse. El posicionamiento sexual masculino y/o femenino está determinado por los avatares del Edipo.
¿Cómo se desprende la niña del objeto materno?
En general comienzan los reproches, celos, si aparecen hermanos exige exclusividad y se siente defraudada. Bajo la influencia de la envidia de pene le reprocha su inferioridad anatómica, y luego la desprecia por ser la madre misma "castrada" y la rechaza porque participa en la prohibición de la masturbación. El resentimiento se activa después de la pubertad, cuando la madre asume el deber de proteger la castidad de su hija. Se dirige entonces al padre para conseguir lo que la madre le ha negado y se configura el complejo de Edipo positivo.
Entonces, en el varón la amenaza de castración pone fin al complejo de Edipo, en el caso de la niña le permite la entrada al Edipo positivo. El varón también siente hostilidad frente a la madre pero la resuelve transfiriéndola al padre: el amor de la fase pre-edípica sucumbe a la hostilidad y como dice Freud, cuanto más se ame más sensible se es ante los desengaños. Cuando comprueba su "inferioridad" respecto del varón se abren tres caminos posibles:
- Suspensión de toda la actividad sexual por comparar su clítoris con el pene del varón y sentir insatisfacción por esa comparación. Entonces renuncia a su actividad fálica pero también con ello a la sexualidad.
- La sobreacentuación de la posición masculina, conserva la esperanza de recibir un pene. El <complejo de masculinidad> puede desembocar en una elección de objeto manifiestamente homosexual. Se niega a advertir la realidad de la percepción y se identifica con la madre fálica.
- La feminidad definitiva. En este caso toma al padre como objeto de amor. Al padre se le dirige primero el deseo de pene y luego el deseo de hijo. Por una ecuación simbólica la "envidia de pene" encuentra un sustituto en el deseo de tener un hijo. El deseo de un hijo supone la construcción de una ecuación simbólica pene=niño.
La histeria muestra que pueden darse perturbaciones en cualquiera de estos pasajes. Según Freud, en las histerias hay un vínculo intenso con la fase fálica, que al actualizarse a posteriori de la pubertad produce dificultades en la consolidación de la genitalidad y en la articulación de la genitalidad con la función reproductora. La problemática de la neurosis histérica pone de manifiesto la perdurabilidad en la oposición fálico-castrado, no logran sexuarse y por lo tanto definir su objeto sexual, padecen por no poder fundarse simbólicamente como "hombre" o como "mujer". La castración es un operador muy importante porque resignifica las pérdidas anteriores, pero específicamente en la etapa a la que nos referimos introduce los cortes necesarios que tiene que hacer cada sujeto para advenir a su posicionamiento sexual. Esto es, si hay excesivo apego a uno u otro de los objetos primarios, no se produce el corte necesario para elegir un objeto por fuera de los objetos edípicos. La histeria que presenta permanentemente dificultad en la definición de su sexo y por lo tanto en la definición de su objeto, persevera en las cuestiones relativas a su ser y tiene dificultades en definir el tener.
FOBIA
Haciendo una primera caracterización podemos decir que se denomina fobia a la evitación de situaciones, percepciones, objetos y sentimientos cuyo estado emotivo es siempre la angustia.
La pregunta por la angustia está presente de un modo constante en todos los trabajos freudianos: ¿de qué tienen miedo la persona angustiada?. En una primera delimitación nosografía de la angustia caracteriza a la neurosis de angustia que forma parte de las neurosis actuales y se deben a un desorden contemporáneo, presente de la vida sexual, proveniente de una interferencia de la descarga de la tensión sexual somática: la tensión sexual acumulada se transforma en angustia. La neurosis de angustia nos muestra la problemática de la angustia ligada a los desórdenes de la vida sexual actual. En estos casos, dice Freud lo siguiente: "es posible descubrir un estado emotivo de angustia que por una especie de elección ha hecho resaltar todas las ideas susceptibles de llegar a ser "objeto" de una fobia." Del lado de la etiología tenemos: acumulación de tensión sexual somática provocada por la abstinencia o por la excitación frustrada, condiciones en que se desarrolla la "neurosis de angustia". En el estado emotivo de angustia esta puede ligarse a una representación que aluda a un temor = la fobia. La misma es su manifestación psíquica ya que produce una ligadura de los estados de angustia con representaciones o ideas que son susceptibles de despertar temor. La sintomatología de la neurosis de angustia presenta: excitabilidad general, hiperestesia auditiva, insomnio, espera angustiosa y un quantum de excitación siempre dispuesto a enlazarse a cualquier idea que sea adecuada o apropiada para explicar el fenómeno de la angustia. Las representaciones fóbicas son monótonas y típicas, se refieran a cuestiones relativas a las funciones fisiológicas y/o de locomoción. Podemos distinguir dos grupos:
- Fobias comunes: miedo exagerado a todas aquellas cosas que todo el mundo le teme tales como: la noche, la locura, la oscuridad, la enfermedad, la serpiente, la soledad, la muerte, etc.
- Fobias ocasionales: en las que la angustia emerge en circunstancias especiales que no ocasionan temor al hombre sano.
Diagnóstico diferencial entre neurosis actual y psiconeurosis
Neurosis de Angustia.
En la génesis de esta neurosis Freud encuentra con regularidad factores sexuales cuyo carácter común es la continencia o la satisfacción incompleta. La etiología de dicha neurosis plantea la labor de promover en el enfermo el abandono de las formas perjudiciales de comercio sexual. Implican una disminución del placer psíquico ya que la excitación sexual somática se desvía de lo psíquico tomando el camino de descargas subcorticales que se exteriorizan en forma de angustia.
Entonces, por un lado tenemos la angustia vinculada a la actualidad: un estado emotivo que no se deriva de ningún recuerdo pero que puede enlazarse a una idea susceptible de referir un temor como por ejemplo la representación serpiente, locura, enfermedad, etc. En este caso la "fobia" es la manifestación psíquica de la neurosis de angustia.
Psiconeurosis
Nos remite a las experiencias sexuales de la infancia que han de tener luego de la pubertad un efecto patógeno. La acción de dichas experiencias en la época en que acontecen es insignificante pero se torna intensa a posteriori: nos remite a la acción ulterior de las huellas psíquicas dejadas por los sucesos sexuales infantiles. Por esta vía se abre otro camino teórico para conceptualizar la angustia que se aproxima a los estudios sobre la histeria en los que se pone de relieve como una expresión primitiva experimenta una elaboración secundaria.
Cuando en una persona no existe la aptitud para la conversión y emprende a raíz de un conflicto el camino de la defensa que separa la representación intolerable para el Yo del afecto, el afecto devenido libre se transforma en calidad de angustia. Nos encontramos así con el cuadro de la "histeria de angustia": otra vertiente somática de la histeria distinta a la conversión. La explosión de la histeria es atribuida a un conflicto en el que una representación intolerable provoca la defensa del Yo e induce a la represión. Sabemos que la pulsión sexual puede manifestarse por medio de un afecto que puede ser la angustia. El quantum de afecto experimenta distintos destinos puede ser transformado, suprimido o inhibido. El estudio de la angustia nos muestra entonces:
- Un nexo entre la retención de la excitación sexual somática y el estado de angustia, cuando la excitación sexual no deviene afecto psíquico, no despierta libido y se transforma automáticamente en angustia, y
- Su intrincación con el destino de la investidura pulsional, la angustia como efecto de las relaciones entre el yo y la libido. La <libido insatisfecha> puede transformarse también de modo automático en angustia por obra de la represión, es decir debida a un rehusamiento (repudio, rechazo) psíquico.
Freud privilegia la explicación económica: en un caso se trata de una estasis, una acumulación no tramitada de energía sexual somática: estado de angustia neurótica. En el otro caso se trata de cierto funcionamiento del aparato psíquico por el cual la libido es desviada de sus fines y es rehusada su satisfacción. A causa del conflicto que compromete a las instancias psíquicas el impulso psíquico normal es interceptado y aparece el fenómeno de la angustia: estado de angustia histérica o lo que se conoce como <histeria de angustia>. El afecto que acompaña a la representación pudo haber sido cualquiera: enojo, vergüenza, agresión, excitación, turbación, ira, etc., pero se transforma en angustia. Freud afirma partiendo de estas consideraciones que la angustia "es la moneda corriente por la cual se cambia o puede cambiarse todas las mociones afectivas cuando el contenido de representación que le corresponde ha sido sometido a la represión."
Conferencia 25
- En esta conferencia Freud se dedica al problema de la angustia en los neuróticos.
- Define a la misma como un estado afectivo.
- Diferencia angustia realista de angustia neurótica.
Angustia realista
Aparece como algo racional y comprensible
- Es la reacción frente a la percepción de un peligro exterior unida al reflejo de huida, manifestación de la autoconservación
- Depende del estado del saber de la persona que la padece y del sentimiento de poder que se despierte frente a la amenaza del mundo exterior
Angustia neurótica
- Se caracteriza por la vivencia de un peligro del que no tenemos noticia
- No sabemos a qué peligro se refiere, pero siempre se trata de un peligro pulsional
La situación de angustia se descompone en un <apronte angustiado> que aumenta la tensión sensorial y la tensión motriz, y el <desarrollo de angustia>.
Diferencia a la angustia, del miedo y del terror
Angustia es un estado que prescinde del objeto
Miedo dirige la atención al objeto
Terror es ya un efecto de peligro en el que no hay apronte, no hay preparación. La angustia protege del horror.
La afirmación "el estado de angustia es un estado afectivo" nos conduce a la pregunta "¿qué es un afecto?". Un afecto es un proceso de descarga cuyas manifestaciones finales son sentidas como sensaciones. Se distinguen determinadas inervaciones motrices de descarga y ciertas sensaciones: las percepciones de las acciones motrices ocurridas y las sensaciones de placer y displacer que le prestan al afecto su tono dominante. Partiendo de estas consideraciones Freud elabora "la teoría traumática de la angustia" ¿Cómo se origina la angustia en la vida anímica? Considera que la angustia es la repetición de una vivencia significativa: el acto de nacimiento, factor histórico que liga entre sí las sensaciones con las inervaciones. El primer estado de angustia corresponde al momento en que el nuevo ser es separado del cuerpo de su madre. Las sensaciones más frecuentes de carácter displaciente, sobrevienen en los órganos de la respiración y del corazón, en el que participan inervaciones motrices o procesos de descarga, la angustia está ligada con alteraciones en la respiración y con alteraciones en el ritmo cardíaco. Angustia, del latín "angost" término que subraya un "angostamiento" y pone de manifiesto el carácter de angostamiento de la respiración. En el momento del nacimiento en el que el ser humano tiene que iniciar la respiración pulmonar, se produce este ensamble entre inervaciones de descarga y sensaciones en la serie placer displacer. Esto es algo que trastoca la homeostasis del cachorro humano, es el prototipo de una vivencia de peligro que carece de contenido psíquico. Solamente cuando se constituye el <objeto-madre>, que implica un progreso en el aparato psíquico del niño, la angustia ase va a presentar como la reacción frente a la pérdida de un objeto. La situación traumática de la ausencia de la madre diverge en un punto muy importante respecto a la situación traumática del nacimiento: en el nacimiento no había objeto, mientras que cuando se construye el objeto madre, la pérdida de la percepción del objeto se equipara a la pérdida del objeto.
Génesis de la angustia en los niños Su estudio ofrece resultados interesantes ya que en un principio pareciera que los niños se aterrorizaran frente a los extraños porque esperan ver a la persona amada y familiar, es su desengaño y añoranza lo que se transforma en angustia. La angustia de los niños proviene de la libido no aplicada, el niño añora a su objeto protector y no lo ve, no se satisface esa añoranza y entonces ese desengaño, ese anhelo insatisfecho se transforma en angustia. El temor a la oscuridad, aparente angustia realista, en realidad proviene de una añoranza: la añoranza en la oscuridad ase transforma en angustia frente a la oscuridad. El miedo a la oscuridad transporta a la angustia a un peligro exterior. Es importante entender que: lo que aparece como angustia realista en los niños surge de la transferencia de un peligro interior a un peligro exterior. En el adulto se observa la regresión a estos estados de las fobias infantiles. En suma, la temática de la angustia nos remite a la vertiente de "actualidad" que caracteriza a las neurosis de angustia donde aparece una transformación automática de energía sexual somática en angustia; y también a la "actualidad" en la infancia, en los tiempos de la constitución subjetiva en los que los efectos de la insatisfacción libidinal vividos por el yo como peligro se transforman en angustia, cuando la libido insatisfecha se transforma en angustia ya no se puede volver a transformar en libido. En ambos casos está presente el factor económico.
"El pequeño Hans" Cuando Juanito sale de paseo con la niñera, quiere volver a su casa para que su madre lo mime. Recordemos que es una época en que se intenta deshabituarlo de la masturbación. En este contexto aparece el comienzo de la angustia y de la fobia. El fenómeno básico de este estado patológico es la intensificación de la ternura hacia la madre que se convierte en angustia. Corresponde a un deseo erótico reprimido, es aún angustia y no miedo. Luego el análisis girará hacia los vínculos asociativos entre padre y caballo. La situación de las fobias hasta esa época es indeterminada, aparecen como síntomas comunes a diferentes cuadros. Freud pondrá en coincidencia el mecanismo psíquico de esta fobia con el de la histeria salvo en un punto decisivo: la libido desligada del material patógeno no es convertida en una inervación somática sino que queda libre en calidad de angustia, Se trata de la histeria de angustia, la neurosis de la época infantil. Es la enfermedad neurótica más frecuente y de aparición más temprana. Su carácter esencial es que evoluciona hacia una fobia. Se intenta impedir el desarrollo de angustia por medio de precauciones e inhibiciones y estas defensas se nos muestran como fobias. En el caso de Juanito la transformación de libido en angustia llega a proyectarse en el caballo, objeto principal de la fobia articulado a sus espacios y a su historia: los caballos le interesan mucho, le ocasionaron placer y forman parte de las impresiones cotidianas que ocurren frente a su casa.
¿Cómo aparece la angustia en el ser humano? Freud propone como modelo y origen un hecho traumático: el peligro de nacimiento, momento en el que no hay representación psíquica. La primera angustia es una angustia tóxica, se debe al exceso de excitación en el momento de tránsito de la respiración placentaria a la pulmonar. El ensamble que se produce crea las vías de manifestación de la angustia. Freud compara esta construcción con la de un ataque histérico ya que se trata del retorno de una vivencia, expresión de una "histeria genérica" que ha llegado a ser hereditaria. La angustia puede manifestarse como: un ataque, puede consistir sólo en una sensación de angustia, o puede presentarse también como alguno de sus equivalentes, como temblor, vértigo, ahogo, diarrea, palpitaciones, etc. Neurosis mixtas. Son formaciones combinadas porque tienen etiologías distintas. Ej. : aparición conjunta de síntomas de neurosis de angustia y otros de histeria. La angustia entonces puede nacer por la transformación directa, como dice Freud de libido en angustia. Esta es una frase un poco oscura porque puede ser la libido la que se transforme en angustia o puede ser que la energía sexual somática que no llega a despertar libido también se transforme directamente en angustia. Con esta expresión Freud está jugando con estas dos ideas. Cuando un grupo de representaciones es reprimido la carga afectiva, en mucho de los casos se transforma en angustia. La angustia neurótica la podemos observar a través de 3 manifestaciones:
- Como angustia libremente flotante, lo típico es el estado de espera angustiosa de las neurosis de angustia
- Unida a determinadas representaciones, en este caso tenemos fobias, cuando el estado de angustia se liga a determinadas representaciones aparecen las fobias
- También podemos observar la angustia en los cuadros de las neurosis graves, puede ser que un síntoma esté acompañado de angustia. El apronte angustiado y el desarrollo de angustia tienen dos salidas: si se repite esta vivencia significativa como señal o si al repetirse esta vivencia significativa no se puede acotar, entonces lo que aparece es desarrollo de angustia. Con esto diferenciamos entonces la <angustia señal> del <desarrollo de angustia>.
A partir de tomar como modelo el acto de nacimiento, la angustia siempre quedará ligada a un factor traumático, es lo que se llama angustia automática, y la idea de que el afecto de angustia proviene de la imposibilidad de resolver una tensión, va a estar tanto presente en la primera tópica freudiana como en la segunda. Hoy vimos la primera tópica. Entonces, si bien en las dos tópicas la angustia está ligada a un factor traumático, está ligada a un exceso de tensión, en la primera tópica aparece muy claramente como la angustia desencadena la huida del yo de las exigencias libidinales que son sentidas como peligrosas, transformando un peligro interior en un peligro exterior. La segunda tópica va a permitir estudiar la angustia señal, que se limita a un desprendimiento pequeño de displacer que convoca a la defensa y cuya sede es el yo: considerará las diversas situaciones de peligro que mueven al yo a la represión. La exigencia pulsional se convierte en un peligro interno porque su satisfacción conllevaría a un peligro externo, la castración.
Neurosis Obsesiva Comenzó a construirse con "Estudios sobre la Histeria". No ha sido tan popular como la histeria: no es tan estridente, se comporta más bien como un asunto privado, renuncia a manifestarse en el cuerpo, apareciendo sus síntomas en el ámbito del alma. Los pacientes se muestran reticentes a reconocer y a dar a reconocer su enfermedad. Sintomatología principal. Los enfermos son ocupados por ideas que no les interesan, sienten impulsos que les son extraños y son movidos a realizar acciones que no pueden evitar. Queda de manifiesto una esforzada actividad del pensamiento en contra de su voluntad y el especular (meditar, reflexionar) se constituye en una tarea vital. Freud aísla la neurosis obsesiva como cuadro neurótico entre 1894-96, hasta entonces se estudiaban las "representaciones obsesivas" y las "compulsiones" más ligadas a la alienación mental. Pinel se había referido a estos cuadros con el nombre de "manía sin delirio" porque se pone de manifiesto una serie de fenómenos que fijan al enfermo pero de un modo parcial. Es una especie de locura con conciencia, <locura de duda> en la que el acento está puesto en la lucha mental. Las ideas e impulsos que dominan al enfermo se viven como extrañas, las personas que los padecen quedan horrorizadas por su misma producción y los conduce a protegerse mediante prohibiciones y renuncias: las acciones obsesivas. La mayor parte de las veces consiste en una especie de floreos ceremoniosos de la vida cotidiana referidos a los distintos ceremoniales que todos tenemos al ir a acostarnos, al salir, al vestirnos, al ir de paseo, al lavarnos, etc. Se los describe como un <penar estrafalario (estrambótico, raro, ridículo)>.El paciente no puede hacer otra cosa que "lo que se siente obligado a hacer", por más que alguien lo invite a abandonar su actividad. Freud pone de manifiesto que lo único que pueden hacer en esos casos es "desplazar" la obligación de una idea tonta a otra idea tonta, pero no pueden dejar de hacer lo que se sienten obligados a hacer o a pensar lo que se ven obligados a pensar. Lo que se pone de manifiesto es que se puede desplazar la obsesión pero no puede ser suprimida. La capacidad de desplazamiento de los síntomas desde su forma primitiva a otra más alejada es uno de los principales caracteres de esta neurosis.
En cuanto a los pensamientos que le producen horror pueden ser ideas obscenas, injuriosas e incluso criminales. En "Obsesiones y fobias" (1894) Freud relata una serie de observaciones. Una muchacha que se reprocha haber robado, un joven que se reprocha múltiples actos criminales, una mujer que se queja de la obsesión de tirarse por la ventana, entre otros. También pueden espantarse por <la idea> de haber realizado actos sin darse cuenta. Junto a la obsesión, aparece en el terreno intelectual la <duda> que se extiende sobre las cosas más ciertas y seguras provocando una creciente indecisión, una creciente restricción de la libertad y del obrar. Estas personas tienen en general un carácter muy enérgico, son testarudas, con dotes intelectuales superiores, generalmente alabadas en el plano moral y ético por su extrema corrección. A diferencia de la Psiquiatría, el Psicoanálisis nos muestra que los síntomas y acciones obsesivas son ricos en sentido. Pueden ser una figuración o una repetición deformada de escenas que han sido significativas para el sujeto.
Conferencia 17 Una dama que corría de una habitación a otra se colocaba delante de una mesa cubierta con un mantel que tenía una mancha, llamaba a su doncella y se volvía luego a su habitación. Cuando el análisis logra vencer los escrúpulos se encuentra la explicación de que hacía diez años se había casado y en la noche de bodas su marido demuestra una total impotencia. Al día siguiente expresa vergüenza por la idea de que la mucama al acomodar el cuarto podría adivinar lo sucedido y tira un frasco de tinta roja sobre las sábanas para "enmendarlo". La mujer se identifica con su marido y reproduce dicha conducta imitándolo, pero el hecho de hacer venir a su doncella y atraerle la atención sobre <la mancha> corrige el acto, como si dijera: mi marido no tiene de qué avergonzarse; así como el sueño figura un deseo realizado en una acción presente. La tarea que nos plantea estos casos es poder trabajar la sintomatología para que una idea aparentemente sin sentido y una acción aparentemente carente de fin, nos remita a las situaciones del pasado en que la idea queda justificada y la acción responde a un fin, para posibilitar una interpretación histórica del síntoma. Freud postula en sus comienzos una etiología traumática para las neurosis Postula para ellas la siguiente fórmula: La histeria es la consecuencia de un "shock" sexual presexual vivido pasivamente, mientras que la neurosis obsesiva es la consecuencia de un placer presexual activo que más tarde se transforma en autorreproche. En la Carta 38 sostiene que las ideas obsesivas son autorreproches En el Manuscrito K esclarece que en ella la vivencia primaria reprimida que fue acompañada de placer al ser recordada, convoca displacer y se transforma en autorreproche. El recuerdo activado y el reproche forman en la conciencia un síntoma antitético o reactivo con cualquier matiz de escrupulosidad. Pueden haber ideas de reparación, ideas de moralidad o sentimiento de culpabilidad. En la fase de retorno el recuerdo aparece deformado en el tiempo y en el tema y el afecto del autorreproche puede ser transformado en otros afectos: en forma de angustia, de hipocondría, de persecución o de vergüenza. Curso típico de la enfermedad
- Una experiencia sexual prematura y traumática
- La represión de dicha experiencia cuya rememoración a posteriori suscita un síntoma primario
- Una fase de defensa eficaz
- La del retorno de lo reprimido.
La diferencia principal entre las neurosis se expresan en la forma del retorno de lo reprimido. En la neurosis obsesiva la fase de la enfermedad es ocupada por la lucha del Yo con la idea obsesiva que a su vez produce nuevos síntomas: los de la defensa secundaria. Entonces nos encontramos con tres clases de síntomas:
- Los síntomas primarios de defensa
- Los síntomas transaccionales de la enfermedad: ideas y/o afectos obsesivos, y
- Los síntomas de la defensa secundaria, como pueden ser ciertos ceremoniales protectores.
Diferencia con la neurosis histérica En la histeria la defensa y la formación de síntomas parecen formar un solo movimiento, mientras que la neurosis obsesiva nos ofrece un modelo más complejo, eso es nos muestra un proceso con una pluralidad de transformaciones que a Freud le abriera el camino para el estudio de las Psicosis. Si bien Freud considera a la herencia como uno de los elementos intervinientes, no ve en ella algo esencial excepto que esto quede articulado con determinados recuerdos, vinculados a escenas recordadas que actúan a posteriori con <eficacia actual> y que nos remiten a la vida sexual infantil. Sexualidad insatisfecha para la histeria y actividad sexual placentera para la neurosis obsesiva, una especie de goce anticipado del que nace un exceso de satisfacción que cuando retorna aparece como un síntoma en el forzamiento de sus ideas y de sus actos. Las ideas obsesivas corresponden a un reproche desfigurado por un trabajo inconsciente (de la represión) y la clave de su comprensión también está la defensa y el desplazamiento. La esencia se expresa en la siguiente fórmula: las representaciones obsesivas son reproches transformados por la represión de un acto de la niñez ejecutado con placer. Hay diferencias en los modos en que ocurre la represión y en los tiempos de retorno. Freud muestra que los sucesos que contienen el germen de la neurosis se desarrollan en el período de la inmoralidad infantil, a este período le pone fin la madurez sexual y entonces, al recuerdo de los actos placenteros se enlaza el reproche. Los recuerdos y el reproche no pasan a la conciencia sin ser alterados, aparecen en la conciencia como representaciones y afectos obsesivos que sustituyen al recuerdo patógeno. Existen teóricamente tres formas en las que el complejo psíquico recuerdo+reproche, pueden retornar como síntomas transaccionales:
- Si lo que pasa a la conciencia es el contenido del recuerdo que se reprimió, lo que se pone de relieve en el cuadro son las ideas obsesivas. Doblemente deformadas porque se sustituye el pasado por lo actual y lo sexual por algo no sexual. Se trata de las representaciones obsesivas típicas.
- Cuando lo que alcanza representación en la vida psíquica consciente no es el recuerdo sino el reproche, el afecto correspondiente al reproche puede transformarse en cualquier otro: formaciones reactivas, vergüenza, miedos hipocondríacos, miedos religiosos, miedo social.
Pero junto a los síntomas de compromiso, aparecen otros de un origen distinto: Si el Yo que intenta defenderse de las ramificaciones del recuerdo, lucha contra ellas crea "síntomas de defensa secundaria": <Las medidas preventivas> que prestan muchos servicios y produce una tercera forma de la neurosis obsesiva cuando el retorno de lo reprimido se traslada a las medidas preventivas: los actos obsesivos, en los cuales parece ocurrir una especie de transferencia de las obsesiones a los ceremoniales. Si trata de controlar el retorno por medio de un proceso mental lógico la conducta característica es la duda obsesiva, una acción mental y la compulsión a pensar y examinar. Acciones obsesivas y prácticas religiosas (1907) Freud asemeja el ceremonial neurótico a las acciones sagradas de los ceremoniales religiosos, y las diferencia ya que el ceremonial neurótico es individual mientras que las acciones religiosas son comunitarias; el ceremonial neurótico tiene un carácter privado y un sentido para el que lo ejecuta mientras que un ceremonial religioso tiene un significado y un sentido público. Esta comparación nos permite avanzar si pensamos que en nuestra tradición judeocristiana la religión está basada en el amor al Padre y en el rechazo de la hostilidad hacia él: desdicha típica del obsesivo ya que su ansia de liberación del padre no logra consumarse: se niega a crecer, a terminar sus estudios, a curarse por el riesgo de igualarse con su ideal y destruirlo. A causa de la regresión queda sometido al imperativo paterno que trata de eliminar, deuda que asedia su pensamiento. Estas consideraciones serán profundizadas en Tótem y Tabú (1913). El análisis muestra que estas personas se comportan bajo el imperio del sentimiento inconsciente de culpa, del que no obstante no tienen noticias. Esto abre todo un problema para la clínica que es la <conciencia - inconsciente de culpa>. Nos revela que la culpa, es un sentimiento propio que tiene su raíz en la vida pulsional, en procesos anímicos tempranos cuya actualización y por influjo de la pulsión reprimida pueden generar una expectativa de desgracia y al temor de un castigo. Esto muestra la vinculación entre la raíz pulsional y la aparición de la culpa, por eso que el ceremonial comienza generalmente como una medida protectora, como una acción de defensa. También la religión, a nivel universal, buscan sofocar lo pulsional y renunciar a la satisfacción egoísta, a las que no les falta su aporte sexual. Freud concibe a la neurosis obsesiva como el correspondiente patológico de la formación religiosa ya que buscan promover una sucesiva renuncia de lo pulsional y esto es base de la cultura, desde el totemismo en adelante. Así que también Freud establece diferencias ya que la religión reprime no solamente los componentes sexuales sino también egoístas e induce a las personas a sacrificar su placer a la divinidad: éste es un modo de liberación de lo que el ser humano vive como maligno, como problemático, el neurótico obsesivo se sacrifica a su culpa. ¿Qué retorna en los ceremoniales?
La fragilidad de la defensa, la defensa puede quedar transformada del modo en que se presenta la idea, el contenido de la idea, representación o el afecto. Cuando del retorno del retorno de esto reprimido aparecen desplazamientos y estos desplazamientos no alcanzan para mantener a raya lo reprimido, empiezan a desarrollarse acciones, lo que se conoce como actos obsesivos. Entonces, si una persona predispuesta a la neurosis no tiene la capacidad de defenderse mediante conversión de las representaciones que le resultan conflictivas e insoportables, se opera como en todos los casos un divorcio entre representación y afecto, pero esto permanece en el ámbito mental adhiriéndose a otras representaciones a través de un falso enlace. Estas aproximaciones van constituyendo la teoría psicológica y traumática de las representaciones obsesivas. A toda idea obsesiva se le impone al enfermo un estado emotivo que persiste inalterado, como la idea primaria debe reemplazarse, se sustituye por otra idea que parece ser el motivo de la obsesión. Freud pone de manifiesto en Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa (1896) la prevalencia de actividad sexual y agresiones ejecutadas por placer, esto es una participación gozosa y esta constelación psicológica más ligada a la actividad es afín a la idea de que este tipo de neurosis aparece con preferencia en sujetos de sexo masculino. Entonces, tenemos por un lado la transformación de la representación, la transformación del reproche, estos serían los síntomas de compromiso y a esto se le pueden agregar los síntomas de la defensa secundaria que mantienen la lucha con lo reprimido. En la tercera plasmación (formación) de la neurosis obsesiva, en las acciones obsesivas, la compulsión se transfiere a las medidas protectoras que pueden ser expiatorias (reparadoras, compensadoras, purificadoras) preventivas e incluso fobias, y que también quedan atravesadas por una compulsión a dudar. Son personas que dedican mucho tiempo a meditar sobre cosas suprasensibles, se enseñorean (posesionan, ocupan) con el trabajo lógico y con la manía de duda.
La disposición a la neurosis obsesiva (1913) Freud se preocupa por el problema de la elección de la neurosis: la naturaleza y origen de las predisposiciones para que una persona contraiga una neurosis y no otra. En el examen de dicha cuestión nos remite por un lado a una etiología traumática y por otro pone énfasis en los factores cronológicos, es decir en la época de la vida en que han ocurrido las experiencias traumáticas y en la época en que ha comenzado la acción defensiva. El estudio de los distintos tiempos en que se crea esta disposición, le permite vislumbrar el nexo con su teoría sexual y pone de manifiesto los lugares de fijación en los que un proceso puede quedar detenido, puntos de fijación a los que es posible regresar. La nueva versión de la teoría cronológica a partir de los "Tres Ensayos" pone de manifiesto <lugares de fijación> y en este artículo se dedica al nexo entra "fijación" y "elección de neurosis". Esto lo lleva a examinar nuevamente las organizaciones de la libido, las organizaciones pregenitales y a discernir una nueva fase llamada <anal-sádica> a partir de la observación del caso de "una penosa compulsión de limpieza". Dicho estudio revela que se trata de formaciones reactivas contra impulsos anales eróticos y sádicos. Considera que su esquema del desarrollo libidinal requiere la creación de un nuevo fragmento teórico: se trata de una fase en la que las pulsiones parciales se han reunido en la elección de un objeto ajeno a la propia persona pero donde todavía no está instituido el primado de los genitales. Dominan dicha fase las pulsiones anal-eróticas y sádicas, y la oposición entre masculino/femenino no está presente. Resalta el hecho de que muchos autores han observado que el odio y el erotismo anal desempeñan un papel preponderante en los síntomas de la neurosis obsesiva. Los síntomas defensivos primarios presentan ideas de escrupulosidad, de reparación, de tormento ético y esta diversidad respecto de la histeria exige una nueva respuesta. Se trata de otras vicisitudes. Freud había concluido tiempo atrás (1908) en "El carácter y el erotismo anal" que el erotismo anal era uno de los componentes de la pulsión y que la educación cultural actual instauraba el aseo, el orden y la formalidad como formaciones reactivas ya que el interés por la defecación está destinado a extinguirse y es conducido a nuevas metas. La sublimación de estos componentes puede aparecer como cualidades de carácter tales como: orden, ahorratividad y tenacidad. Los rasgos de carácter pueden ser continuaciones de lo pulsional, sublimaciones o formaciones reactivas. Luego del análisis del "Hombre de las ratas" vislumbra el particular nexo entre erotismo anal y neurosis obsesiva. Entonces, por un lado revisa el tema de las organizaciones pregenitales de la libido y discierne (distingue) una nueva fase que es la anal-sádica. Busca el origen de la predisposición en las series de causación de las neurosis en las que se conjugan causas constitucionales y accidentales (series complementarias). Las pulsiones erótico-anales y sádicas asumen en la neurosis obsesiva la subrogación (substitución) de las pulsiones genitales. Para buscar el origen de esta predisposición repara en las funciones psíquicas que entran en juego: 1) función sexual y 2) funciones yoicas. Estas personas siempre escrupulosas (minuciosas, puntillosas), ordenadas, ahorrativas, metódicas, no manifiestan nada del orden de la sexualidad fálica que es puro brillo y seducción. Por un lado postula la fijación a la fase anal-sádica y por otro lado sostiene que la predisposición histórico genética queda completa cuando se toma en cuenta el desarrollo del Yo en que sobreviene la fijación. De acuerdo a sus pistas sostiene un apresuramiento en el desarrollo del Yo respecto al desarrollo libidinal. Estos pacientes en general en su infancia se presentan como niños prodigio, muy ordenados y obedientes. Entonces: fijación a la satisfacción pulsional dominada por la analidad y el sadismo y apresuramiento en el tiempo de desarrollo del Yo que obliga a la elección de objeto desde las pulsiones yoicas. Hay un apresuramiento en el desarrollo yoico respecto del libidinal y esto da como resultado el desarrollo de una hipermoral. Se vuelven tan morales y tan buenos, porque tienen que defender el amor del sadismo, del odio, esto es, la hipermoralidad es efecto de un odio intenso. Dice Freud: "Desarrollan una hipermoral para defender su amor de objeto de la hostilidad que tras el amor acecha". La histeria nos mostró el vínculo íntimo con la última fase del desarrollo libidinal en la que se establece un nexo entre la primacía genital y la introducción de la función reproductora en la pubertad. Eso es lo que sucumbe en la histeria a la represión y se reactiva la problemática de la sexualidad masculina reprimida. En la neurosis obsesiva se agrega además una regresión a la fase pregenital anal-sádica que había sido precursora de la genital infantil, donde el odio y el erotismo anal desempeñan un extraordinario papel. Esta regresión hace que las pulsiones parciales anales y sádicas subroguen a las genitales que por algún motivo han experimentado una desvalorización. En la fase pregenital anal-sádica se privilegia la oposición entre las aspiraciones de meta activa que provienen del sadismo y las de meta pasiva que corresponden al erotismo anal, fijación que de acuerdo a los casos crea una predisposición a la homosexualidad. Que las pulsiones parciales anales y sádicas subroguen a las genitales se muestra en numerosos ejemplos de la vida cotidiana cuando se resigna la vida genital apareciendo por ejemplo la <vieja bruja> en la que se convierte la "esposa-amante", tornándose peleadora, martirizadora y mezquina. Entonces, respecto al problema de la elección de la neurosis y a la diferencia entre histerias y neurosis obsesiva, Freud señala que la histeria presenta un vínculo con la última fase libidinal que sucumbe a la represión, pero no hay regresión a una fase pregenital. Se observa en la histeria la reactualización de la problemática de la fase fálica, mientras que en la neurosis obsesiva ocurre una regresión a la fase pregenital lo que le permite a la investigación psicoanalítica estudiar nuevos problemas.
Características del pensar obsesivo
Las ideas obsesivas son siempre autorreproches que retornan a posteriori de la represión y que están referidos a una acción de la infancia realizada con placer. El pensar obsesivo puede tener el valor de los más diversos actos psíquicos: deseos, tentaciones, dudas, mandamientos, prohibiciones. Nunca ingresa de un modo inalterado a la conciencia sino que ha sufrido una transformación, ya que la vivencia placentera que al ser alterada más tarde provoca displacer, se reprime y en su lugar se forma en la conciencia un síntoma antitético con un matiz cualquiera de escrupulosidad. Las representaciones obsesivas están siempre desfiguradas respecto del texto original, llevan las huellas de la defensa primaria. El paciente no tiene noticias del texto de sus representaciones obsesivas, pues ha quedado eliminado por obra de la represión. El pensar obsesivo puede aparecer vinculado a la superstición ya que es contradictorio y vacilante, se caracteriza por la presencia de la incertidumbre y la duda. Freud expresa que estos productos provienen de una especie de <querella entre los sentimientos>, y pueden manifestarse en acciones de proeza que muestran al individuo provisto de una gran magnanimidad, especie de ser excepcional, lo que lo defiende de su hostilidad. Si profundizamos el estudio psicoanalítico de la formación de estos síntomas se pone de manifiesto su vínculo con lo infantil que se articula específicamente en una especie de querella "contra la voluntad del padre". Las características ceremoniales y expiatorias que tienen estas manifestaciones psicopatológicas lo llevan a Freud a estudiar la analogía entre estos neuróticos y la vida de ciertos pueblos primitivos.
Tótem y Tabú (1913) Freud desarrolla la hipótesis de la horda primordial y el asesinato del padre como mito de origen de las posteriores instituciones sociales y culturales. El pasaje de la horda primordial paterna al sistema totémico marca el nacimiento de la cultura, de la <Ley> que funda la prohibición en la culpabilidad de los hijos después de la muerte del padre con poder ilimitado. Las dos prohibiciones tabú más antiguas aparecen en las leyes fundamentales del totemismo: Estos tabúes son prohibiciones frente a las apetencias más antiguas y más intensas del ser humano: el parricidio y el incesto. Freud se refiere a las tribus de los pobladores primordiales de Australia mostrando que estos pobres caníbales desnudos tenían en lugar de las posteriores instituciones religiosas y sociales el sistema del totemismo. El tótem puede ser un animal, una planta, una fuerza natural que mantiene una peculiar relación con toda la estirpe, es una especie de sistema clasificatorio de los pequeños clanes cada uno de los cuales lleva el nombre de su tótem. Es un antepasado de la estirpe ya sea el padre primordial o su espíritu guardián y auxiliador. Freud reflexiona entre las prohibiciones que observan los salvajes y los fenómenos que presentan los neuróticos: El neurótico en su vida inconsciente queda fijado a los deseos incestuosos del Edipo y proclama al vínculo con los padres gobernados por las apetencias incestuosas como el complejo nuclear de las neurosis. Los dos deseos primordiales del niño cuya represión insuficiente o cuyo despertar constituyen el núcleo de toda psiconeurosis, tienen que ver entonces con éstas mismas prohibiciones del totemismo. "Tabú" es una palabra polinesia que tiene las siguientes significaciones: la de lo sagrado o consagrado; la de lo inquietante, peligroso, siniestro e impuro. El tabú se manifiesta esencialmente en restricciones y prohibiciones. Las prohibiciones tabú tienen un origen desconocido e incomprensible, y es el más antiguo de los códigos no escritos de la Humanidad. El estudio de los tabúes desde la perspectiva psicoanalítica entonces relaciona a la producción de los tabúes con las características de los enfermos obsesivos y considera muy adecuado el nombre de enfermedad del tabú para caracterizar sus estados. Analogía entre neurosis obsesiva y prohibiciones tabúes
- Carecen de toda motivación y hay un enigma sobre sus orígenes. Surgen repentinamente y el individuo se ve obligado a observarlas bajo la coerción de una angustia irrefrenable.
- Los individuos poseen la convicción interior de que violar la prohibición traería consigo una terrible desgracia pero son incapaces de precisar la naturaleza de esa desgracia. El <temor al contacto> de aquello sobre lo que recae el tabú es su carácter distintivo. Queda prohibido no solamente el contacto físico sino todos aquellos actos que implicarían ponerse en contacto mental o abstracto con aquellas cosas consideradas impuras, esto recibe el nombre de "dèlire de toucher". Se trata de <producción ·delirante·> que puede obligarlos a lavarse las manos innumerables veces o a impedirles pensar en determinadas cosas porque quedan impuros y deben realizar actos expiatorios para contrarrestarlo. Esto constituye una tercera coincidencia entre neurosis obsesiva y prohibiciones tabú:
- Su facultad de desplazamiento. A cada nuevo avance de la libido reprimida responde la prohibición con una nueva exigencia. Las prohibiciones obsesivas se empiezan a extender de un objeto a otro tornándolos imposibles, y
- Causan actos ceremoniales y prescripciones que emanan de las prohibiciones mismas.
Cada vez se hace más abarcativo, por eso se habla de desplazamiento y que los objetos se hacen imposibles porque cada vez son más los objetos que no se puede tocar, mirar, pensar. Cada vez tiene más prohibiciones, eso es lo que lo lleva a Lacan a la fórmula del deseo obsesivo como un <deseo imposible>. Todos esos penosos escrúpulos de la conciencia moral son síntomas reactivos frente a las tentaciones inconscientes y desarrollan a partir de dichos escrúpulos grados máximos de conciencia de culpa que también se basan en los intensos y frecuentes deseos y sentimientos de muerte que albergan hacia sus prójimos. El carácter principal de la constelación psíquica es la ambivalencia. Ahora bien, todo esto no tendría demasiada vigencia si estas personas no estuvieran dominadas por la omnipotencia del pensamiento. Freud la considera como la <técnica del pensamiento animista> cuyo principio es la magia. Si una persona le desea la muerte a alguien solamente le puede parecer realizable por la aplicación del principio de la magia que le atribuye al pensamiento máxima eficacia. Esta misma técnica puede emplearse para lograr fines benéficos o piadosos. Estas consideraciones constituyen el nódulo primitivo del sistema animista. El animismo es un sistema intelectual, los investigadores lo consideran quizás como la primera concepción humana del universo y que subsiste en la vida actual bajo la forma de supersticiones. Si hacemos un paralelo entre el desarrollo de la concepción humana y el del individuo, la fase animista corresponde al narcisismo y los efectos psíquicos son los mismos: no se diferencia "el pensar del actuar". En la infancia se atraviesa por un período animista en el que no se tienen en cuenta los hechos reales sino las intenciones inconscientes Tal organización no desaparece nunca por completo y puede dar cuenta de ciertas fijaciones patológicas. Nuestros neuróticos obsesivos se encuentran obligados a pensar en ciertas fórmulas mágicas, a llevar a cabo ciertas acciones porque de lo contrario un infortunio les ocurriría. Estas convicciones son vividas como supersticiones y no pueden ser refrendadas por el pensamiento racional ¿Por qué? Porque justamente la neurosis obsesiva constituye una caída de la vida mental de ese estadio del desarrollo en el que desear es equivalente al actuar: domina la omnipotencia del pensamiento, el pensamiento y la palabra toman poderes mágicos. Decíamos que el niño atraviesa un período animista en la aprehensión de la realidad, todo objeto tiene vida, en todo objeto puede encontrar sus propios órganos y sus propias actividades, construye el mundo según las imágenes de su corporalidad. Freud también muestra que en la vida mental de los pueblos primitivos se halla este carácter mágico y omnipotente, que no es otra cosa que la sobrestimación de los procesos psíquicos sobre la realidad objetiva y que tiene mucha eficacia en el mundo neurótico. Entonces, esta vigencia hace que siempre que el sujeto piensa algo del orden de su deseo surge el temor de que <algo> terrible va a suceder. El <algo> subraya la indeterminación. Afirmaciones que son frecuentes en los pacientes son: <si deseo ver una mujer desnuda, mi padre morirá> o <si gozo durante el coito no voy a tener hijos>. Muchas veces no llega a ser formulado, pero es un mal presagio. Se puede manifestar también como angustia hipocondríaca, por ejemplo: <si gozo puedo padecer SIDA>. Se pone de relieve el modo en que está privilegiado el sentimiento de culpa que atormenta al sujeto que está justificado pero que es inconsciente, o sea el sujeto siente la culpa pero no sabe la culpa a qué lo remite. Estas consideraciones permiten reformular las primeras ideas freudianas que afirman que "las ideas obsesivas son siempre autorreproches", explicándolas en relación a la trasgresión de las leyes morales más íntimas de la humanidad. Freud decía que las representaciones obsesivas son reproches que provienen por obra de la represión sobre actos cometidos con placer. Los reproches quedan ahora referidos a los deseos edípicos: el incesto y el parricidio. A partir de la pubertad los impulsos libidinosos despertados e intolerables pueden emprender los caminos trazados por la regresión, surgirán en forma de intenciones agresivas y destructoras indeterminadas o desplazadas produciendo enérgicas reacciones del Yo o los excesivos escrúpulos morales son sus subrogados. Un amor intenso y exagerado es el modo en que se trata de eludir el odio inconsciente, las ideas hostiles se pueden hacer conscientes como mandatos punitivos, como castigos. Tanto en el complejo de Edipo como en el de castración, el padre desempeña un papel importante, es el adversario temido frente a los intereses sexuales del niño que lo amenaza con un castigo, y el carácter principal de esta constelación psicológica es la ambivalencia. Son éstas tentaciones las que causan acciones ceremoniales que expresan esencialmente prohibiciones y limitaciones. El psicoanálisis nos ha revelado que la hostilidad hacia el padre que impulsó a su asesinato cede su puesto al amor en el pasaje de la horda primitiva al sistema totémico. Estas primeras consolidaciones de la organización social humana marcan las restricciones que los hombres deben imponerse para consolidar sus alianzas. Freud reconoce el amor como uno de los fundamentos de la cultura. Se imponen los sentimientos cariñosos, surge el remordimiento y nace la conciencia de culpa: especie de <obediencia retrospectiva> al padre, que garantiza la perdurabilidad de las prohibiciones tabúes. La conciencia de culpa es la repulsa a la percepción de determinados deseos y su condena, su carácter inconciente determina lo angustioso de la conciencia moral.
Inhibición, Síntoma y Angustia (1925) Freud retoma el tema de las neurosis obsesivas y desea averiguar algo más sobre la formación de síntomas. En general son de dos géneros: prohibiciones y medidas punitivas y de penitencia que se llaman a éstos:síntomas negativos o satisfacciones sustitutivas disfrazadas, y dice una frase muy interesante "en las neurosis obsesivas la formación de síntoma alcanza su triunfo cuando se consigue amalgamar la prohibición con la satisfacción de modo tal que el mandamiento defensivo adquiera también la significación de una satisfacción." En este artículo Freud estudia la formación de síntomas desde las hipótesis de la segunda tópica: un aparato dividido en Ello/Yo/Superyó. El resultado de la formación de síntoma en la neurosis obsesiva testimonia la tendencia del Yo a la síntesis y mantiene una lucha constante con lo reprimido. Por otra parte, el Yo y el Superyó desempeñan un papel importantísimo. A diferencia de la histeria de conversión que no permite vislumbrar gran cosa respecto de la lucha del Yo respecto del síntoma ya que permanece indiferente, lo que sobresale en los síntomas obsesivos es que pasa a primer plano la prohibición, la expiación. El Yo es mucho más que en la histeria, escena de la formación de síntomas. El afecto aparece en un distinto lugar: el Superyó se comporta como si le fuera conocido el verdadero sentido de los impulsos: Los síntomas significan al mismo tiempo satisfacciones de impulsos masoquistas. Procuran cada vez mayor amplitud a la satisfacción sustitutiva a costa del renunciamiento. El tremendo conflicto entre el Ello y el Superyó puede extenderse a todas las operaciones del Yo paralizándolo. En casos extremos, dice Freud, estos pacientes consiguen que sus síntomas acumulen el poderío de la ambivalencia cuyo papel es extraordinariamente importante. También se observan síntomas de dos tiempos, al acto que ejecuta cierto mandato le sigue otro que debe suprimirlos. Freud concluye que en las neurosis obsesivas siempre se mantiene una lucha constante contra lo reprimido que se hace cada vez más desfavorable para las fuerzas represoras. La situación inicial entonces no es distinta de la de la histeria, ya que se trata de la defensa contra las exigencias libidinales, contra el complejo de Edipo. Si bien en toda neurosis obsesiva el motor inicial de la defensa es <el temor a la castración> actúa contra las tendencias del complejo de Edipo, no obstante la forma y la configuración de la enfermedad es diversa a la de la histeria. Freud introduce en esto lo que se llama el factor constitucional, él considera que en las personas pasibles de evolucionar hacia esta enfermedad hay una "debilidad" de la organización genital correspondiente a la fase fálica que se acompaña de una regresión a la fase sádico-anal. Esta regresión determina el curso del proceso. "La observación parece demostrar en el punto en que un proceso patológico se orienta hacia la neurosis obsesiva ya ha ocurrido una desvalorización de la vida genital y se produce entonces una regresión a la organización sádico-anal." En la histeria sucumbe a la represión la articulación de la última fase de la organización de la libido y su ulterior articulación con la función reproductora. En la neurosis obsesiva la organización fálica regresa a la organización sádico-anal. La regresión es el primer triunfo del Yo en la lucha defensiva y produce una disociación de los instintos de vida y de muerte. El Superyó, que se muestra especialmente sádico, no se sustrae (excluye, aparta) a dicha regresión, ni a la disociación de los instintos. En calidad de primeros rendimientos (frutos) aparecen los caracteres de una afección grave: la tendencia a la repetición y la subordinación a las acciones obsesivas de aquellos actos que habrían de realizarse automáticamente como acostarse, lavarse, vestirse, etc. La pubertad es un estadio decisivo en el desarrollo de la neurosis obsesiva. Los impulsos libidinosos emprenden los caminos trazados por la regresión y surgen en forma de intenciones agresivas y destructivas. Es muy importante subrayar que los impulsos libidinosos aparecen como agresivos y destructivos. El yo intenta defenderse de los impulsos agresivos sin darse cuenta que en realidad se está defendiendo de sus propios deseos eróticos. Se lucha en contra de la propia hostilidad sin percatarse de que en realidad se está luchando contra el deseo libidinal, contra el erotismo. Entonces este disfraz de los impulsos eróticos y las enérgicas reacciones del Yo hacen que la lucha contra lo sexual aparezca como una lucha en el nombre de la ética. El verdadero sentido del impulso agresivo es ignorado por el Yo siendo necesaria una considerable labor analítica para hacerlo consciente. Lo que aparece en la conciencia es, como en todos los casos, un sustituto deformado, y aparece indeterminado, así como puede ocurrir con el fragmento de un sueño. La agresión no se demuestra al Yo como un impulso, sino como una <idea>. El paciente no dice <tengo el impulso de matar a alguien>, sino <me viene la idea de..>. La represión ha suprimido el afecto concomitante para el Yo, pero el afecto aparece en otro lugar, en el Superyó que se comporta como si eso le fuese conocido y por lo tanto trata al Yo según este saber. Difícilmente estas persona puedan sustraerse de las penosas críticas del Superyó, muchas veces aparecen una nueva serie de síntomas, restricciones, encaminadas al autocastigo que significan satisfacciones masoquistas. La constitución del Superyó está indisolublemente ligada al procesamiento de la pulsión de muerte. El modo en que el Superyó en su nacimiento domina la pulsión de muerte es a través de un destino pulsional: "la vuelta contra sí mismo", tiempo de constitución subjetiva que nos remite al masoquismo originario. Para la patología de la neurosis obsesivas no le sirve el modelo de la histeria, pues entran en juego las dimensiones inconscientes del Yo, ya no es tan fácil pensar el conflicto entre inconciente y Yo. El estudio de este tipo de patología, del masoquismo y de la melancolía le revela que no sólo rige la vida psíquica la pulsión de vida regulada por el principio de placer sino que aparece el <más allá del principio de placer> representado por la pulsión de muerte. La vida psíquica revela un modo de goce que nada tiene que ver con el de placer, como pueden ser las adicciones, el goce del suicidio o el goce de la reacción terapéutica negativa. ¿Quién se satisface por no curar? Son problemas de la clínica que aparecen permanentemente. La neurosis obsesiva es una vía regia para mostrarnos de un modo amplificado como el Yo inconciente, el Superyó, la pulsión de muerte participan en la formación de síntoma, como así también la vigencia del sentimiento de culpa. Cada patología es capaz de traer a la luz diferentes problemas. La neurosis obsesiva se presta bien para mostrar cómo en el síntoma se privilegian las relaciones y conflictos del Ello con el Yo y el Superyó. La tendencia general de la formación de síntoma en la neurosis obsesiva es la de procurar cada vez mayor satisfacción sustitutiva a costa de la renuncia, por lo e se aproxime más al fracaso de la defensa, porque cada vez se renuncia más y se pide más renuncia hasta llegar a la paralización de la voluntad y al dominio del pensamiento por la duda. Durante este tiempo de lucha, dice Freud, podemos observar dos actividades dedicadas a la formación de síntoma: el aislamiento y la anulación, variantes clínicas de la represión. Freud vuelve a poner en primer lugar el concepto de defensa que abarca estos nuevos procesos. El aislamiento es peculiar de la neurosis obsesiva y se refiere a la espera, consiste en que luego de un suceso desagradable o un acto importante desde el punto de vista de la neurosis se interpola una pausa, es el equivalente a la amnesia en la histeria y a la <concentración> en el pensamiento normal. El suceso no es olvidado en sí, sino que es despojado de su afecto y quedan suprimidas las relaciones asociativas, queda así separado lo que debería unirse por asociación, queda alejado de lo incongruente o contradictorio. Esto es un gran obstáculo para la cura. La anulación es una especie de magia negativa que tiende a suprimir por medio del simbolismo motor el suceso mismo. No sólo en la neurosis, sino que en los ritos mágicos y en las supersticiones populares esto ocurre. El ceremonial consiste en una evitación de que algo suceda o se repita y en suprimir o evitar lo acontecido. El obsesivo multiplica así las barreras contra la percepción de un deseo inaceptable. En el "Hombre de las ratas" es el caso de la piedra, el primer acto es un impulso y el segundo una prohibición. En la histeria la representación y el afecto quedan divorciados, la representación es reprimida y el afecto pasa por una inervación somática a transformarse en un síntoma conversivo. En la histeria <se olvida> el suceso patógeno y se excluye de la memoria. En la neurosis obsesiva no lo olvida pero es <aislado>, no tiene eficacia. La experiencia vivida es despojada de su afecto o de sus asociaciones. El modo en que la neurosis obsesiva rechaza lo pulsional no es el mismo que en la histeria. Lo que produce contacto con los pensamientos de deseo <indeseados> es suprimido, se cortan los vínculos asociativos. Entonces, en la clínica requieren ot |