
Freud comienza Duelo y Melancolía con una comparación que podría sintetizarse de la siguiente manera: el sueño es al síntoma como el duelo es a la melancolía. Partiendo así de los modelos normales de funcionamiento del aparato psíquico hacia los patológicos, Freud considera al sueño como un paradigma normal de las perturbaciones anímicas. El síntoma, en cambio, si bien comparte con el sueño ciertas peculiaridades, como las de formación de compromiso, transacción entre el deseo y la defensa, etc., añade a estas un plus de sufrimiento; dicho de otro modo, el síntoma no es tal hasta que se articula con el sufrimiento. El duelo, en cambio, no es una enfermedad sino un proceso normal del aparato psíquico. De allí que del sujeto doliente suela decirse: "No está enfermo, está de duelo".
Duelo y melancolía es por otra parte un texto que nos invita a reflexionar en la serie: Duelo, Duelo Patológico y Melancolía, y del que pueden extraerse tanto ciertas diferencias clínicas como los conceptos teóricos cruciales para su abordaje, los que intentaremos puntualizar a continuación.
Melancolía
Es la imposibilidad de hacer el duelo, porque es un duelo sin final. Hay masivos autorreproches, una especie de autodenigración del sujeto, una pérdida global de la autoestima. Freud lo llama delirio de autorreferencia o delirio de indignidad. Jaspers lo llamó el dolor de estar vivo. El sujeto emite constantes reproches sobre su existencia: "no merezco vivir" .
Para la psiquiatría el debate gira en torno a si la melancolía es psicógena u orgánica y la conclusión a la que arriba es que hay melancolía de base orgánica y melancolía de base psicógena. Ambas, para la psiquiatría, son Psicosis. Así también para el psicoanálisis, de todos modos termina siendo en la nosografía freudiana un neurosis narcisista.
Freud dice que la melancolía se caracteriza por una cancelación del interés por el mundo, a diferencia del duelo donde el sujeto, si bien está desinteresado por los objetos, se da una suerte de impasse que no llega a entrañar una cancelación de sus vínculos afectivos. Lo opuesto ocurre en la melancolía donde todo el interés está puesto en denigrar al yo.
El objeto en la melancolía
¿Cuál es la naturaleza del objeto?, y ¿Cuál es el sentido? ¿Es un objeto? ¿Se lo tuvo realmente? A diferencia del doliente que sabe lo que perdió, el melancólico o bien lo ignora o al menos desconoce qué perdió con dicha pérdida. Entonces, y a diferencia del duelo, a veces arranca un proceso melancólico sin pérdida manifiesta, esto quiere decir para Freud que la pérdida es inconsciente
Aparece un discurso insistente caracterizado por la queja acerca de sí mismo con una concomitante y abrupta pérdida de los ideales. El medio, los familiares intentan convencerlo de lo erróneo de su juicio acerca de sí mismo, pero no lo logran, y empieza a organizar un discurso plagado de certezas y revelador de intimidades, con una dedicación expresa de mostrar todas sus fallas, como ratificando que no merece vivir. Este delirio de autorreferencia no se trata de un delirio sistematizado, no es restitutivo. Se diferencia de los delirios de la paranoia porque no intenta restituir libido al mundo. Es una idea delirante acerca de la propia ruina del yo. Freud señala cómo una parte del yo se encarga de maltratar a la otra; la critica, tomándola como objeto, y la martiriza, de allí postula que la melancolía muestra al superyó maltratando severamente al yo. Hay una máxima tensión entre la Conciencia Moral (a la que conceptualizará más tarde como Superyó) y el Yo, una máxima tensión conflictual en la que el yo ha quedado modificado por la identificación con el objeto perdido.
Agreguemos que Introducción al narcisismo y Duelo y Melancolía son textos comparables clínicamente, sobre todo en relación a la crítica de la Conciencia Moral con respecto al Yo. En el primero Freud define la elección narcisista de objeto; y en el segundo propondrá un circuito de cuatro pasos para la melancolía:
Primer paso. Una elección narcisista de objeto. Este primer tiempo ocurrió antes, es a reconstruir después, a près coup.
Segundo paso: Pérdida del objeto. Abandono, desengaño. Pérdida manifiesta o inconciente.
Tercer paso: Una identificación del yo con el objeto perdido. "La sombra del objeto ha caído sobre el yo", apunta Freud. El objeto recubre al yo. No es una identificación a un rasgo. Es una identificación total, completa.
Cuarto paso: A partir de esta identificación, el yo será por la instancia crítica –el Superyó- como si fuera el objeto. La idea freudiana es que el melancólico al maltratarse está maltratando al objeto, pero como el objeto ha quedado identificado al yo, se daña a sí mismo. Martiriza al objeto que lo abandonó, pero como ese objeto quedó inscripto en el yo, se lacera a sí mismo. Es por eso también que Freud encuentra dificultad para ubicar a la melancolía como psicosis en la última nosografía, porque la libido vuelve al yo por la vía de la identificación con el objeto perdido. Entonces el objeto no está perdido, está en el yo, de allí que el trabajo del duelo se eterniza. Es también como una renegación de la pérdida. Cuando el melancólico se mata está también tratando de matar al objeto que perdió. La melancolía muestra el funcionamiento más primitivo y cruel del funcionamiento del Superyó.
La identificación melancólica es la identificación narcisista. Es una identificación que ocurre entre la identificación primaria y la identificación secundaria (o sea, la que ocurre después del complejo de Edipo). Cabe recordar que la identificación secundaria es a un rasgo del objeto y supone la permanencia del objeto, no la pérdida. O sea, el sujeto se identifica con ese rasgo y el objeto permanece. La identificación secundaria es secundaria al complejo de Edipo, es cuando el niño se identifica con los rasgos de los padres. Una gran identificación al rasgo es la constitución del Superyó, la internalización de los rasgos morales de los padres. A veces hay identificaciones sintomáticas, como por ejemplo la tos de Dora, que es un rasgo del padre y un rasgo de la madre, pero ha hecho síntoma en Dora. Algunas identificaciones al rasgo son identificaciones histéricas. Podemos concluir aquí que toda identificación histérica es al rasgo, pero no a la inversa.
Freud dice en este texto que "La identificación melancólica es la identificación narcisista", o sea que sólo puede hallársela en la melancolía, y ser reconstruida après coup. Es decir, es porque hubo melancolía que suponemos que hubo una elección narcisista de objeto y una identificación narcisista. Es una reconstrucción, no la podemos percibir antes, con lo cual es legítimo pensar en el impedimento de prevenir la melancolía. Hay que pensar que había un objeto en el mundo que sostenía al yo del sujeto de manera cabal; de allí que determinado objeto, al perderse, desencadene esa reacción masiva melancólica.
En el duelo, en cambio, hay un momento de identificación al rasgo del objeto perdido que después se diluye. A veces deja un rasgo en el sujeto. O sea, el objeto se perdió, se hizo el trabajo de duelo y hay un rasgo por el cual el sujeto se parece al objeto perdido. Un rasgo físico, un modo de pensar, etc.
La identificación melancólica supone la pérdida del objeto y es diferente a la identificación al rasgo, porque es total y al objeto perdido, mientras que la identificación al rasgo es parcial y al objeto presente.
La identificación narcisista podemos pensarla en torno a la concepción lacaniana de estadío del espejo, en ese nuevo acto psíquico constitutivo del yo, y que procede por enamoramiento de la instancia yoica e identificación. Recordemos que para Freud hay dos modos de elección de objeto: 1) elección de objeto narcisista, y 2) elección de objeto anaclítica o de apoyatura. Cabría entonces suponer que el melancólico ha elegido narcisísticamente al objeto; ha elegido un objeto que sostiene su narcisismo y cuando lo pierde se pierde el yo, de allí los pasajes al acto tan característicos en la melancolía.
Freud marca como una fijación a un modo de elección narcisista de objeto y también habla de una regresión a la fase oral canibalística, que supone no sólo incorporar al objeto sino además destruirlo. Esta identificación narcisística con el objeto es al modo de una introducción del objeto, o si se quiere, a la manera de la incorporación oral primaria.
Una diferencia esencial que separa las aguas entre la melancolía y el duelo es el empuje a la autodestrucción. Agreguemos que para Freud la melancolía no es una depresión. En la tercera nosología será la única neurosis narcisista, o sea que la habrá de diferenciar también de las psicosis. Lo que le va a permitir diferenciar melancolía, duelo y psicosis es el Superyó y la pulsión de muerte. La melancolía es la puesta en escena de un Superyó tanático y cruel, un Superyó cargado de pulsión de muerte que intenta destruir al yo. Acotemos que en la obra de Freud irá cambiando la noción de Superyó, no sólo es la instancia de la ley, de la normatividad, pero esto ocurrirá a partir de 1920.
En 1895, cuando Freud postula el complejo de Edipo lo define en forma ambivalente, dice que los deseos libidinales hacia los padres coexisten con deseos de muerte y que la melancolía son esos mismos deseos de muerte dirigidos por el niño hacia los padres que retornan en contra del propio sujeto como autorreproche y que lo llevan a veces al intento de suicidio. La melancolía puede concebirse así como una agresividad, una tendencia a la destrucción que al no aflorar hacia el exterior destruye al propio sujeto. Hay en la melancolía algo que al no remitirse salir al exterior pone en juego un mecanismo muy primario que es la vuelta en contra del propio sujeto, tiene que ver con la hostilidad, con el deseo de muerte y provoca la reacción melancólica.
Otro gran distingo que marca Freud es que en el duelo no hay autorreproche, no hay empuje hacia la muerte, hacia la muerte propia. El autorreproche es un instante del duelo, es la primera reacción (¿porqué no lo interné?, ¿cómo no me di cuenta?). En la melancolía, en cambio, el autorreproche y la autodenigración marchan en franco aumento; Freud se asombra de la autoflagelación que atraviesa el discurso del melancólico.
DUELO
|
MELANCOLIA |
Autorreproche: escaso o nulo |
Autorreproche excesivo.
Exhibición obscena de las propias carencias |
Escasas probabilidades de
pasaje al acto |
Pasaje al acto (intentos de sucidio, etc.) |
Que la melancolía se vincule estrechamente con la autodestrucción lo irá conduciendo a Freud a la conceptualización de la pulsión de muerte. ¿Por qué una persona busca como solución el dolor, la frustración, la muerte propia? Estas son preguntas que las podrá resignificar después que postule a la muerte como pulsión (1920).
¿Por qué la melancolía es definida como neurosis narcisista y no como psicosis en la tercera nosografía freudiana? Podemos establecer las siguientes precisiones:
- Es un discurso delirante, no un delirio sistematizado como ocurre con el sujeto paranoico que sistematiza el mundo. Es un delirio sobre sí mismo. Un delirio muy peculiar acerca de su yo. Un delirio focalizado en un objeto que es su yo.
- No hay pérdida de la noción de realidad (en cuanto a realidad del mundo). Es una pérdida de realidad parcial -si se quiere-pierde la visión real de su yo porque se percibe mucho peor de lo que es.
- No presenta alucinaciones, fenómenos de lenguaje (palabras bizarras, neologismos, etc.).
La distinción freudiana entre Duelo y Duelo Patológico
En principio Freud establece una diferencia de orden temporal entre duelo y duelo patológico. El duelo tiene un tiempo de trabajo previsible: 6 meses a 1 1/2 años. Es el tiempo normal de elaboración de un duelo, si supera este tiempo es patológico. Y una segunda precisión que Freud establece con respecto al duelo patológico es que aquí el trabajo de duelo no termina, se eternizar. Porque para Freud un tercer punto en el trabajo de duelo es la sustitución del objeto, la aparición de otro objeto amado. Con lo cual el duelo patológico implicaría no poder amar a otro objeto, no poder sustituirlo. En la melancolía se sustituye el objeto amado, perdido, por el yo; lo que se pierde entonces es el yo, finalmente esto lo conduce frecuentemente a la muerte. Pero vamos de a poco, porque la melancolía supone una identificación.
En el duelo patológico el sujeto intenta armar otros vínculos de pareja y no puede, quedó atraído en eso que se perdió durante mucho tiempo. Depende de una característica de la libido: la viscosidad de la libido la libido, cuando ciñe un objeto, no lo libera con facilidad. En el duelo patológico el sujeto sabe perfectamente que el objeto está perdido, ya no tiene esperanzas de recuperarlo, no falla aquí el examen de realidad. Puede llegar a ‘ver’ el objeto perdido, pero no son más que creencias momentáneas, alucinosis, y esto es muy común en un duelo. Son alucinosis, no alucinaciones, porque no son estructuradas, ni sistematizadas, ni duran más de un instante.
El examen de realidad es una de las funciones yoicas teorizadas por Freud en 1914, en un tanteo de la realidad para comprobar que el objeto no está, en el duelo patológico no fracasa, el sujeto sabe que el objeto está perdido pero se resiste a aceptar esa realidad.
A diferencia del melancólico que cree ser una ruina, en definitiva, que se encarga de exhibir a gritos sus carencias como un goce, y a través de ideas francamente delirantes acerca de su yo; en el duelo patológico - e independientemente del tiempo de duración- el sujeto no se encarga de exhibir obscenamente sus fallas, sus miseria, sus bajezas. Si bien presenta una baja autoestima, no exhibe estas ideas delirantse acerca de sí mismo.
Un sujeto puede hacer un duelo o una melancolía por la pérdida de una abstracción que ocupe el lugar de un objeto amado, por ejemplo, la pérdida de la libertad. O la pérdida de un ideal que ocupe el lugar de objeto libidinal. O sea, no sólo es la muerte. O puede desencadenar si la estructura previa así lo determina, una melancolía; es decir que no es azarosa: alguien hará un duelo o una melancolía en acordancia con la estructura previa, esto es, conforme con su historia de pérdidas de objeto, y de cómo ha reaccionado anteriormente a esas pérdida de objetos amados.
En suma, duelo, duelo patológico y melancolía no son reacciones azarosas en la vida de un sujeto. Dependen de su historia previa. Agreguemos, que resulta interesante retomar Duelo y Melancolía desde la lectura de Inhibición, síntoma y angustia, más precisamente desde el concepto de angustia de castración, porque lo que pone en juego el trabajo de duelo es la relación del sujeto con la falta.
Conductas que presenta el duelo
Presenta grandes desviaciones respecto de la conducta normal: tristeza, dolor, desinterés por el mundo externo -sólo le interesa aquello del mundo externo que se refiere al objeto-, y dos inhibiciones:
- La inhibición de la capacidad de trabajar (crear, producir)
- La inhibición de la capacidad de amar.
Freud dice que la salud es recuperar la capacidad de trabajar y amar. ¿Qué es amar? Ternura y deseo erótico. En el duelo no existe deseo erótico ni capacidad de amar a otros.
Entonces, duelo no sólo es tristeza y dolor, sino también algunas inhibiciones del yo.
El duelo ocupa la vida del sujeto, no hay interés por otras cosas. El sujeto doliente puede transcurrir el día pensando, a veces hablando, del objeto perdido. Aquí es donde Freud dice que puede haber una pequeña alucinosis, una pequeña creencia de que el objeto está.
El trabajo de duelo pone en juego la relación del sujeto con la realidad aunque el sujeto sabe que en la realidad el objeto no está. Lo pone en juego porque es una especie de trabajo psíquico de ir aceptando que el objeto no está, pero no hay pérdida consciente de esa función de la realidad. Para Freud la dimensión temporal es crucial en el duelo;no es fácil e implica un gran gasto de energía para el psiquismo, por eso lo llama trabajo de duelo, es un auténtico trabajo psíquico.
¿Qué es el trabajo de duelo?
El trabajo de duelo es el trabajo de desinvestimiento de una multitud de representaciones ligadas al objeto. Precisamente conlleva tiempo porque no es sólo el objeto, sino la multitud de representaciones ligadas a él; de allí que tomar en tratamiento a un sujeto doliente es realmente dejarlo hablar. Porque el aparato psíquico va a trabajar sólo el duelo. El analista no interviene, no hay inconsciente para interpretar.
Cada verbalización es un combate interno que libra el sujeto. Como señala Freud, el sujeto vuelve a vivir la experiencia acontecida con el objeto. Es un combate entre el deseo de que vuelva a ocurrir y el deseo de liberarse de eso. Una lucha que se lleva a cabo pieza por pieza: fragmento por fragmento, representación por representación. El sujeto va y cuenta a una amiga tal cosa vivida con el objeto, luego otra, y otra, etc. uno ve la introversión de la libido a la fantasía. La libido queda introvertida a la fantasía, es decir, se representa, ocurre en el plano de la representación, de la fantasía psíquica aquello vivido en forma real con el objeto ¿Por qué ntroversión de libido a la fantasía? porque el sujeto se pone a recordar, a pensar, a revivir. Se hace el bocho, a veces con dolor, a veces con placer en relación a algo que no es real pero que lo fue. Se lo vuelve a vivir, sólo que ligado muy plenamente a la emoción. Lo importante es que hay ligadura con el quantum de afecto. Recordemos que, desde el vamos para Freud, si una defensa del sujeto frente a la representación es escindir la representación de su afecto, el trabajo de elaboración es volver a ligar la representación con el afecto. O sea que el sujeto necesita volver a recordar, pensar, representar, pero también sentir, y esto es el trabajo de duelo. O sea que hay que dejarlo hablar porque de este modo se produce una ligadura entre el representante representativo y el quantum de afecto: entre la representación y el afecto.
Los tres tiempos del trabajo de duelo
Primer tiempo: El instante traumático en el que se pierde el objeto. Puede ser pérdida de progenitores, ruptura de pareja, destete, etc.
Segundo tiempo: Supone una introversión de la libido a la fantasía. Un intento de elaborar lo perdido. Es necesario, pero cabe destacar que puede darse aquí como un cierto regodeo en el goce. Es cuando el analista interviene después de mucho tiempo. Si bien hay que dejar hablar es necesario establecer un corte de esa satisfacción inconsciente de recordar el dolor. Cierto goce del sufrimiento, que no debe ser considerado como masoquismo, ni como una estructura perversa.
Tercer tiempo: La libido deviene libre y puede entonces enlazarse plenamente a otro objeto. No se trata de que ya no se recuerde al objeto perdido, pero se lo recordará cada vez con menos afecto. Es lo que en la cotidianeidad suele conocerse con la típica frase: "el tiempo va borrando las heridas".
Para concluir, podemos remarcar que la identificación narcisista con el objeto perdido será la índole diferencial psicoanalítica entre la melancolía y el duelo.
Lic. Rosa Aksenchuk
http://www.arespsi.com.ar/RA/Rosa_Aksenchuk.htm
Bibliografía:
FREUD, Sigmund. Duelo y melancolía
FREUD, Sigmund. Introducción al narcisismo
FREUD, Sigmund. Inhibición, síntoma y angustia